Fotografía artística: una reflexión para nuevos talentos y creadores

Si vamos, por ejemplo, a una exposición de pintura comunitaria, y nos paramos frente a las obras de artistas jóvenes que aún tienen mucho por mejorar en su técnica, lo más probable es que seamos condescendientes y busquemos una propuesta artística potencial detrás de cada pieza. En nuestra cabeza, el simple hecho de que se trate de lienzos, óleos o acuarelas enmarcados ya nos confirma que estamos frente a algo que se encuentra legítimamente en alguna de las jerarquías del arte.


Sin embargo, cuando entramos a una exposición de fotografía artística contemporánea, por mucha propuesta, trayectoria y pericia que tengan los autores, nos cuesta más trabajo convencernos de que eso que estamos viendo es arte en toda la extensión de la palabra. Puede que nos guste y que nos maraville, pero no podemos dejar de recordar que detrás de cada impresión hay, al menos, un par de máquinas que capturan e imprimen la imagen, e incluso que alteran digitalmente su composición.


En el artículo de hoy trataremos de ir más allá de estos prejuicios y analizar un poco más a fondo el sitio que ocupa la fotografía en el universo del arte.


¿Exactamente qué entendemos por fotografía artística contemporánea? ¿En qué se diferencia de la fotografía representacional?


La respuesta rápida es que no hay un consenso universal, así que no vale la pena desgastarnos tratando de encontrar la verdad verdadera sobre lo que hace “artística” a una fotografía. Incluso, definir qué es una fotografía ya se está volviendo complicado, porque hoy en día hay tantas maneras de alterar análoga o digitalmente una captura que frecuente no sabemos en dónde deja de ser fotografía y comienza a ser otra cosa.


Además, sin importar que se trate de una pintura, una obra literaria, una escultura o una melodía sublime, el mismo trabajo puede tocar el alma y abrir nuevas posibilidades estéticas para una persona, y dejar total y absolutamente indiferente a otra. El hecho de que sea arte tampoco implica que mueva la sensibilidad artística de todo el mundo.


Ya con esto en claro, lo que sí podemos decir de la fotografía artística es que generalmente implica cierto nivel de interpretación capaz de generar un diálogo estético y propositivo entre la pieza y el observador. Así como en la literatura es posible distinguir entre la crónica periodística y la ficción, en la fotografía también existen territorios diferenciados para lo meramente representacional y lo artístico.


Lo representacional aspira simplemente a grabar una escena tal cual es, sin ninguna interferencia, escenografía o interpretación. Lo artístico le da prioridad a la propuesta estética sobre la “realidad” o los hechos, y como resultado las fotografías artísticas no siempre son realistas o precisas, pero sí transformacionales en el sentido de que nos permiten mirar la realidad con otros ojos o reflexionar sobre cosas que siempre dimos por sentadas.


Es en este proceso de transformación, encuadre, énfasis de ciertos elementos o manipulación de la imagen en donde anida lo artístico como tal, pero esta transformación de “lo que se ve” no es factor suficiente si detrás no tiene una intención estética y una toma de postura ante el mundo o el fenómeno que explora.


Por ejemplo, imaginemos que nos tomamos una selfie (el autorretrato es una de las categorías de la fotografía artística), le aplicamos un filtro “vintage” para que parezca una fotografía antigua y la subimos a redes. ¿Estamos haciendo fotografía artística? No, porque por muchos likes que obtengamos, ese tipo de contenido difícilmente va a confrontar al espectador con los conceptos abstractos y simbólicos que subyacen a la acción de autorretratarse y de imaginarse a uno mismo en otra época. No pasa de ser una curiosidad estética.


¿Y qué pasaría si tratáramos de retratarnos en actitud de selfie utilizando cámaras antiguas, o al menos tratando de replicar con la mayor fidelidad histórica posible las primeras técnicas del daguerrotipo? Además de enfrentarnos a un reto mucho mayor, el resultado probablemente pondría a reflexionar al espectador, como mínimo, sobre algunas cuestiones como la relación de la tecnología con la vanidad, el objetivo del retrato, los cambios históricos que han afectado la manera en la que nos mostramos visualmente al mundo, y un largo etc.


Allí ya estamos un paso más cerca de lo artístico, pero también habría que justificar cuál es la postura del artista detrás de este experimento. ¿Hay una reivindicación o una crítica a la modernidad? ¿cómo se expresa esta postura en cada pieza? ¿cuál es la intención dialógica y transformacional que hay con el espectador?


Cabe señalar que todos los tipos de fotografía se pueden volver “artísticos” cuando se integran estos elementos clave. Un excelente ejemplo son los excéntricos fotógrafos de moda que no solamente retratan prendas y modelos, sino que son capaces de crear todo un concepto con la composición, que le da identidad e iconicidad a la colección más allá de lo estético, precisamente porque fomentan un diálogo con los valores del espectador.




¿Por qué la fotografía artística actual es tan controvertida?


Quizá nos resulte más sencillo catalogar lo que vemos como arte si sabemos que la menor cantidad de tecnología posible fue utilizada en su realización. Una imagen que es una fotografía “pura” con un revelado tradicional se cuela con menos fricciones en esta categoría que la impresión en gran formato de una fotografía retocada en una computadora, o que un collage fotográfico proyectado mediante un holograma.


Si nos detenemos a analizarlo, eso que levanta sospechas es la sustitución aparente de las habilidades humanas por la precisión prácticamente infalible de una máquina. Es como si dijéramos “así qué chiste ¿dónde están la sangre, el sudor y las lágrimas?”. Si bien hoy en día ciertas técnicas fotográficas tradicionales ya se ganaron el título de arte tanto en el ámbito de las instituciones como en el imaginario colectivo, la creación fotográfica que abraza a las nuevas tecnologías digitales sigue estando en el ojo del huracán, y cuando nos topamos con propuestas realmente novedosas, independientemente de que nos gusten o no, sentimos que si les decimos “arte” estamos traicionando a la historia, por eso es tan importante saber diferenciar entre técnica, dominio de la técnica e intención.


Diferencia entre la técnica y la intención artística en la fotografía


Algunos elementos técnicos de la fotografía son el encuadre, la exposición, la composición, el manejo del color, el ángulo, el enfoque, el tipo de película o formato, las técnicas de revelado, la edición digital, etc. Ninguna técnica está peleada con el atributo artístico ni brinda una virtud artística en sí misma, sino que sirven para crear y manipular ciertos efectos que permiten transmitir un mensaje o propuesta. Por otra parte, recurrir a una técnica sin dominarla y sin atreverse explorar nuevas posibilidades sí diezma la calidad artística.


Pero ni la técnica ni el dominio de la técnica equivalen a intención. Como ya mencionamos, la intencionalidad en la fotografía artística es transformacional, y determina el criterio que hay detrás de los elementos técnicos y tecnológicos que elegimos, un criterio que debe ser estético pero también conceptual y/o político en el sentido de que el autor tiene el valor de volver “pública” su personalísima visión del mundo, y ello implica un nivel de vulnerabilidad y exposición que no es fácil conseguir.


La intención del fotógrafo fácilmente se ve suprimida cuando no hay una toma de postura consciente, y pueden surgir piezas estéticamente muy valiosas, pero con una propuesta conformista y que no enriquece uno de los elementos sociales más importantes del arte: el diálogo entre distintas realidades.


Entonces, mucho antes de ponernos a pensar si lo que estamos haciendo realmente es arte porque estamos usando equipos digitales, inteligencia artificial o software de realidad virtual, detengámonos a analizar cuál es la intencionalidad que nos mueve, cuál es nuestro compromiso con el espectador y qué tan dispuestos estamos a conocer a fondo nuestras herramientas y a romper nuestros propios paradigmas y zonas de confort.


¿Por qué te interesa todo esto, si eres un fotógrafo artístico que va iniciando su carrera?


Las presiones y los puntos de vista sobre lo que es arte y lo que no pasa de ser una curiosidad tecno estética más o menos original son tan variadas como contradictorias, y es ingenuo pensar que no moldean las técnicas y las metodologías que eligen miles de nuevos artistas y fotógrafos contemporáneos. Pero, dejando de lado el debate, lo importante es lo que tú quieres transmitir y lo que a ti te apasiona como creador.


En Luz Viajera creemos que las artes visuales, entre ellas la fotografía, no adquieren su virtud “artística” en relación con la técnica o herramientas elegidas para su materialización, por muy excéntricas que sean estas, sino en relación con el dominio y capacidad de experimentación que sobre ellas se tiene, y especialmente con la propuesta estética y la toma de postura ideológica detrás de cada obra.


Cuando podemos justificar ampliamente estos últimos, es cuando comenzamos a abrirnos camino y a forjar un estilo y un nombre en la comunidad de la fotografía artística, pero la realidad es que siempre habrá puristas tratando de reivindicar lo tradicional, y eso tampoco es necesariamente malo, porque el arte es un lienzo extenso en donde habitan y conviven tensiones y enfrentamientos de toda clase.


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Algunos ejemplos de fotografía artística contemporánea


Retrato






Fotografía Artística Conceptual




Fotoperiodismo Artístico






Fotografía Artística de Paisaje




Fotografía Artística de Moda



Tim Walker, Helena Boham Carter
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